
Mi práctica indaga en la huella como expresión humana y símbolo de autoconciencia, entendida tanto como marca material en el mundo como rastro afectivo entre los cuerpos y las cosas. Desde las marcas rupestres de las cavernas paleolíticas hasta los restos mínimos de la vida cotidiana, me interesan los gestos que documentan la existencia y activan la pregunta por nuestro lugar en el mundo, por la identidad individual y colectiva. La marca/huella es inicio de pensamiento simbólico, de comunicación y de búsqueda de sentido, pero también escenario de neurosis, vulnerabilidad y sacrificios de intimidad que interpelan al espectador.
Trabajo la intimidad como un espacio de prueba, donde emergen zonas de extrañeza y desajuste que se sienten fuera de lugar en lo social, en escenas cotidianas desalineadas, rincones descuidados y objetos mínimos que condensan tensiones afectivas. En la intensidad de esos objetos y gestos busco sostener el
peso emocional de lo humano, dejando que la verdad de situaciones comunes, un lenguaje depurado, la ambigüedad y el silencio completen la obra.
Entre huella, autoconciencia y memoria se materializa mi trabajo: los vínculos entre el yo y el otro, las intimidades, los restos y el desarme de un sujeto, manifestando lo que aparece como rastro o como ausencia, como indicio de humanidad. La pregunta por el “lugar en el mundo” organiza mis decisiones materiales: imágenes y materiales encontrados, matrices de impresión, gestualidad manual del dibujo y la mancha, una paleta cromática restringida y escenarios domésticos que refuerzan el carácter intimista de la obra. Mi práctica es multidisciplinaria y se despliega entre pintura, dibujo, fotografía, objetos y acto relacional; la plástica y el libro como objeto/soporte funcionan como espacios de transferencia, laboratorios de reflexión estética y emocional sobre estas inquietudes.