
OBRAS/
NO TODA CASA ES MORADA/
2025/
TÉCNICA MIXTA
MEDIDAS VARIABLES
WORKS/
NOT EVERY HOUSE IS A HOME/
2025/
MIX MEDIA
VARIABLE DIMENSIONS






No toda casa es morada se articula en torno a una premisa: la morada contemporánea ya no puede pensarse desde la permanencia, sino desde condiciones de inestabilidad, desplazamiento y recomposición continua. En un presente atravesado por crisis habitacional, migraciones y transformaciones aceleradas de los vínculos con el territorio, habitar deja de designar una estabilidad adquirida para convertirse en una práctica frágil, móvil y constantemente reconfigurada. La morada no aparece aquí como un lugar fijo, sino como una elaboración material y afectiva sostenida por objetos, gestos, memorias y formas de cuidado que insisten en producir pertenencia en la discontinuidad.
Desarrollado en dupla con la artista Layla Pizarro, el proyecto surge de una preocupación compartida por las formas contemporáneas del nomadismo y sus efectos sobre la experiencia de habitar. Desde biografías distintas pero que convergen en el nomadismo, ambas trabajamos una misma pregunta: cómo se produce una morada cuando la permanencia deja de ser una garantía.
Mi obra emerge desde la experiencia: dieciocho mudanzas dentro de una misma ciudad y la dificultad de fijar un anclaje prolongado en un espacio físico. La respuesta es un atesoramiento deliberado, la búsqueda obsesiva de elementos que construyen arraigo portátil. Las fotografías documentan los rituales de domesticidad, los objetos que viajan de casa en casa, los gestos mínimos mediante los cuales se insiste en hacer morada. Es en lo cotidiano —en la disposición de objetos, en la presencia de recuerdos, en la organización de lo íntimo— donde se resiste la precariedad. Habitar no es permanecer, sino construir continuamente.
Not Every House Is a Home is structured around a premise: contemporary dwelling can no longer be understood through permanence, but through conditions of instability, displacement, and continuous reconfiguration. In a present shaped by housing crises, migration, and the accelerated transformation of our ties to territory, inhabiting no longer denotes an acquired stability; it becomes a fragile, mobile, and constantly reworked practice. The home does not appear here as a fixed place, but as a material and affective elaboration sustained by objects, gestures, memories, and forms of care that insist on producing belonging within discontinuity.
Developed as a duo with artist Layla Pizarro, the project emerges from a shared concern with contemporary forms of nomadism and their effects on the experience of dwelling. From distinct biographical trajectories converging in nomadism, we both approach the same question: how is a home produced when permanence is no longer guaranteed?
My work emerges from experience: eighteen moves within the same city and the difficulty of establishing a prolonged physical anchorage. The response is a deliberate act of accumulation, an obsessive search for elements that build portable belonging. The photographs document domestic rituals, the objects that move from house to house, and the minimal gestures through which one insists on making a home. It is in the everyday — in the arrangement of objects, in the presence of memories, in the organization of intimacy — that precarity is resisted. Dwelling is not about staying put, but about continuously building.